El nadador
Estudiaba natación por correspondencia y había hecho notables progresos. Por fin consiguió mantenerse a flote durante dos segundos, inpulsando su cuerpo enérgicamente con dos vigorosas brazadas.
Era la admiración de todos los lugareños de aquel árido pueblecito de la meseta. El tío Herencio, que era el más viejo y sabio del lugar, se atrevió a pronosticar: "Llevas muy buen camino, gañán; si lo haces así de bien de salón, cuando estés en el agua nadarás como el mejor de los nadadores olímpicos"